El sábado a la noche cerró en La Habana la "Conferencia Internacional contra el Terrorismo, por la Verdad y la Justicia", convocado por el capítulo cubano de la red de redes "En Defensa de la Humanidad".
Asistieron 680 delegados procedentes de 67 países, en su mayoría de América Latina. De Argentina el mayor aplauso se lo llevaron las Madres de Plaza de Mayo encabezadas por Hebe de Bonafini aunque también hubo otros panelistas como el diputado Miguel Bonasso y la escritora Stella Calloni. El tema del evento no era para reírse: los grandes sufrimientos de Cuba por los atentados organizados por la CIA por medio de los mercenarios como el recientemente detenido en Texas, Luis Posada Carriles. Se sabe que tristeza y alegría van de la mano o a veces se alternan. Por eso al final La Habana fue una fiesta, con un concierto organizado por Silvio Rodríguez con autores latinoamericanos en homenaje al cantautor chileno Víctor Jara. Allí la presencia argentina corrió por cuenta de Raly Barrionuevo, el santiagueño radicado en Córdoba que hizo quedar bien a nuestro país, más allá de su pago chico.
El inventario
Los debates se llevaron a cabo en el Palacio de las Convenciones, amplia y cómoda construcción que data de 1979 y donde no faltan las plantas, aún en interiores, como dicen que fue el estilo propio cultivado por la legendaria heroína de la revolución, Celia Sánchez. Es un detalle de la cubanía, esto de las plantas y el verde aún en el lobby de los hoteles, el Palacio de las reuniones o el mismísimo Palacio de la Revolución. El encuentro internacional fue llamado de apuro, según palabras de Fidel Castro en seis días. Pese a ello la reunión fue exitosa no sólo por la cantidad y calidad de asistentes sino sobre todo por el contenido de sus intervenciones y denuncias, lo documentado de las mismas.
La urgencia del llamado tuvo que ver con que había sido detenido en Miami el contrarrevolucionario terrorista Luis Posada Carriles, tras las acusaciones formuladas por el presidente cubano en el mitín del 1 de Mayo al que asistieron 1,2 millón de cubanos. El gobierno de Castro vio la necesidad de machacar sobre caliente: de aportar más elementos a la lista de imputaciones contra Posada Carriles, responsable de la voladura de un avión civil de Cubana sobre Barbados, el 6 de octubre de 1976, donde murieron 73 personas.
Y vaya si hubo tales denuncias contra la mafia cubano-americana radicada en Miami. Si a los cubanos les tocó el discurso de Hebe Bonafini referido a los 364 campos de concentración en Argentina durante la dictadura, a los que veníamos del río de la Plata nos llegaron muy profundamente los testimonios de Carlos Alberto Cremata e Irma González. El primero es el hijo de uno de los tripulantes del avión de Cubana abatido con todo el pasaje tras la detonación de dos bombas. La segunda tiene 20 años y es hija de René González, uno de los cinco patriotas presos desde 1998 en Estados Unidos donde estaban infiltrados en el seno de la "gusanería" para prevenir ataques terroristas contra Cuba.
Los aportes de panelistas especializados en el "plan Cóndor" de las dictaduras militares del Cono Sur como Calloni, el escritor uruguayo Samuel Blixen y el ex secuestrado paraguayo Martín Almada, dejaron al Cóndor sin plumas. Es que desnudaron las maquinaciones de los dictadores Augusto Pinochet y Jorge R. Videla, manejados desde Washington por el entonces secretario de Estado Henry Kissinger.
Lo que no todos sabíamos es que la mafia cubano-americana del mencionado Posada Carriles, Orlando Bosch y Félix Rodríguez (que interrogó por última vez al Che Guevara en la escuela de La Higuera y canalizó la orden de asesinarlo) había tenido tanto que ver con el "plan Cóndor".
Se conocía que estos elementos, a sueldo de la CIA, habían realizado el atentado al avión en 1976 e intervenido en la guerra sucia de Centroamérica, operando desde la base aérea de Ilopango, en El Salvador. Pero no sabíamos que Bosh y sus laderos habían operado con la SINA de Pinochet y Manuel Contreras en Chile, que habían sido los organizadores del atentado criminal contra el ex canciller socialista Orlando Letelier en Washington y muchas otras fechorías en Venezuela.
Posada y otros tres asesinos estuvieron detenidos en Panamá desde 2000 hasta 2004, acusados de haber preparado un atentado contra Fidel Castro durante la X Cumbre Iberoamericana. Hubieran muerto centenares de personas pues el explosivo iba a ser colocado en el paraninfo de la Universidad donde el visitante daría una conferencia para los estudiantes del itsmo. La presidenta Mireya Moscoso indultó a la banda poco antes de dejar el cargo, a fines de 2004 y de allí se perdió su rastro, aunque La Habana advertía que iban a ser acogidos por sus controlantes de la CIA. Y en efecto, tres de los indultados entraron legalmente a EE.UU. y el cuarto, evadido en 1985 de una cárcel de Venezuela, no podía ingresar con trámites "normales". Al final la presión cubana dio sus frutos y el terrorista, tras una conferencia de prensa, fue detenido en La Florida para averiguar su "situación migratoria".
Siempre Fidel
La detención de Posada Carriles, por más que haya sido leve y con ánimo de protección por parte de las autoridades estadounidenses, fue el último logro político del presidente cubano. No hubo allí un ánimo de venganza personal -que hubiera sido legítima toda vez que el terrorista quería asesinarlo en 2000 y en tantas otras ocasiones anteriores- sino político: Fidel puso en serios aprietos a la administración Bush, "la dinastía", como la llama con sarcasmo. Es que George Bush padre fue el que reclutó para la CIA a esos elementos mercenarios y Bush hijo siguió utilizando sus servicios, hoy fundamentalmente de la Fundación Nacional Cubano-Americana. Y quizás Jeb Bush, actual gobernador de La Florida, los siga empleando si alguna vez sucede a su hermano en la Casa Blanca. A Fidel Castro se lo vio muy bien de salud y sobre todo muy lúcido. En estos tres días participó desde las 9 de la mañana que comenzaban las sesiones hasta las 21 horas, con un intervalo de una hora para el almuerzo y otro par de breves "recreos" a lo largo de la jornada. Este cronista cabeceó más de una vez por el sueño en alguna de las largas y por momentos tediosas intervenciones (caso de la del salvadoreño Shafick Handal) y en otras oportunidades debió salir de la sala rumbo al minguitorio. Fidel en cambio, se mantuvo completamente atento, sin levantarse para dejar la mesa de la presidencia (sí debió incorporarse a cada instante porque los oradores querían saludarlo y dejarle algún libro). Y estamos hablando de alguien que el 13 de agosto próximo cumplirá 79 años.
El comandante cerró la conferencia con un discurso de dos horas y media. Pero desde el mismo miércoles, cuando empezó el debate, estuvo allí, tomando nota y de vez en cuando pidiendo la palabra para hacer alguna pregunta a los panelistas o él mismo agregar un comentario.
De su mensaje final lo más trascendente fue que propuso transformar la conferencia en un tribunal permanente contra el terrorismo imperial en el continente. "En el continente", aclaró, para no incluir las barbaridades cometidas por Estados Unidos y potencias europeas en Asia y Africa, teniendo en cuenta que calificó de primer genocido el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki.
En política pidió no dejar escapar a Posada. En línea con esa preocupación, la conferencia instó a las organizaciones populares de Latinoamérica y el mundo realizar actos y otras manifestaciones el 13 de junio. Ese día Posada deberá comparecer ante un tribunal de El Paso, Texas, donde se analizará su situación judicial. "Que digan cómo entró ese bandido a EE.UU. y que no escape", fue su exhortación. Ya en el cierre no estaba sentado a su lado el vicepresidente de Venezuela, José Vicente Rangel, que había hablado dos horas el viernes. Lo de Rangel tuvo dos tramos salientes: la denuncia de los intentos de magnicidio contra Hugo Chávez por parte de "la presidencia imperial de Bush, que hace terrorismo", y la noticia de que Venezuela ha puesto su proa hacia el socialismo. "Queremos pasar del bolivarianismo -sin dejar de ser bolivarianos- al socialismo del siglo XXI y trabajamos en ello con nuestros propios recursos, soberanamente", expresó.
La alegría
Tres días se habló de los crímenes de Posada, el "plan Cóndor" y el terrorismo de Estado de los Pinochet, Videla, Emilio E. Massera, Alfredo Stroessner y otros conjurados al servicio de Washington; de la situación de Venezuela; de la conjura de los grandes medios de comunicación, etc. La actividad política y cultural fue intensa porque a los siete paneles, con seis intervinientes como promedio, se sumaron las extensas intervenciones especiales de Rangel, Handal y el dirigente sandinista Daniel Ortega, más los videos de dentro y fuera de la sala.
Para entonces el dolor de los familiares de la tragedia de Barbados se había juntado con los pañuelos blancos de las Madres de Argentina y los familiares de los masacrados en Chile y El Salvador, con el de Javier Souto de España, hermano del periodista José Souto, asesinado por los marines en el Hotel Palestina de Bagdad, etc.
Pero ese sufrimiento dejó paso a la idea de seguir en la lucha de este tiempo, sobre todo por el ejemplo del país anfitrión en tantos planos. Para Carlo Frabetti, italiano, lo que más le sorprendió es que "en Cuba no oí llorar a ningún niño".
A la noche, en el concierto de homenaje a Víctor Jara -asesinado por el ejército pinochetista en 1973- el delegado italiano los habrá visto cantar y bailar siguiendo el ritmo de Silvio Rodríguez, la brasileña Beth Carvallo, el boricua Roy Brown, el local Amaury Pérez Vidal, el uruguayo Quintín Cabrera, la chilena Isabel Parra y nuestro santiagueño, Raly Barrionuevo.
Después de cantar cada uno de ellos una o dos canciones, se unieron todos para interpretar "El necio" de Silvio, donde reitera que "yo me muero como viví", como un cubano martiano en las antípodas de Posada Carriles. Los artistas cantaron en el teatro "Carlos Marx", "al que nosotros no le cambiamos el nombre", como acotó Fidel Castro al hacer la invitación para el concierto. EMILIO MARÍN Fuente: La Arena
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