Por Jean-Guy Allard
La congresista norteamericana Ileana Ros-Lehtinen que pretende enseñar a Cuba el respeto a los derechos humanos mientras apoya la tortura en Guantánamo y el genocidio iraquí, evita recordar como, en los primeros meses de la Revolución, su padre fue uno de los vendepatria que de inmediato corrieron a ofrecer sus servicios a la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos.
Al igual que Carlos Alberto Montaner, que con 17 años se dedicaba a poner bombas en las tiendas de La Habana en tiempo de Navidad, siguiendo órdenes de la CIA que proveía los artefactos, Enrique Ros se sumaba al Movimiento Demócrata Cristiano (MDC) de José Ignacio Rasco, una sociedad de hijos de papá frustrados, creada a finales de 1959 cuando ni se hablaba en Cuba de comunismo.
Ileana Ros-Lehtinen no ha inventando nada en su trabajo de captación. El jefe del MDC mantenía desde ya meses contactos permanentes con cubanos radicados fuera de la isla y se encontraba maduro para la traición cuando, a finales de febrero de 1960, entró en contacto con oficiales de la CIA.
El investigador Jesús Arboleya cuenta, en su obra "La Contrarrevolución en Cuba", cómo Rasco viaja entonces directamente al bunker de la Compañía en Arlington, Virginia, y se entrevista con el oficial Frank Bender.
La traición del MDC fue el primer elemento que permitió a la CIA concretar su proyecto de coalición contrarrevolucionaria que llevará a la creación del Frente Revolucionario Democrático (FRD), organización propiamente terrorista que controlara totalmente.
El propio Howard Hunt revelará luego como, desde el principio, el grupo empezó a recibir unos 115 000 dólares mensuales para su funcionamiento.
Ya Washington se aseguraba que tendría firmemente entre sus manos cualquier alternativa a la Revolución que creía ingenuamente poder fabricar a fuerza de propaganda, de atentados, de planes de invasión y de intentos de asesinato del líder de la Revolución.
Enrique Ros que pronto abandonará la Isla para acercarse a la caja, será uno de los conspiradores más activos de esta etapa de guerra sucia donde abundaron las innumerables operaciones terroristas desarrolladas desde la Florida hacia la Isla de Cuba, con cientos de víctimas civiles, mujeres, niños y ancianos.
Su llegada a Miami coincide con la creación en esta ciudad de la estación JM/WAVE destinada exclusivamente a agredir a Cuba y que no dejará de crecer en los siguientes años. Más de 250 oficiales y 2000 agentes de origen cubano se dedicarán ahí hasta 1967 a intentar derrumbar a la Revolución cubana en un enorme derroche de dinero y de medios que dejo millonarios a muchos de los capos involucrados. Incluyendo al papá de la vocera bushista.
Lo confirma quien se la sabe toda
¿Quién confirma fuera de toda duda la activa participación de Ros en esta gigantesca actividad de agresión contra Cuba?
El más asqueroso de los asesinos miameros: Orlando Bosch Ávila, al cual Enrique Ros se identificó toda la vida – por motivos evidentes - al punto de solicitarle un prólogo para un libro en el cual ofrece su interpretación de la invasión fracasada de Playa Girón.
En este texto, el pediatra Bosch (que prefirió dedicarse a crear huérfanos en vez de curar a niños) llama a Ros, en varias oportunidades, "mi amigo y compañero" del cual celebra "el coraje". Dicho por un hombre que ordenó la destrucción de un avión en pleno vuelo, el término toma otro significativo.
Ros, escribe Bosch, fue "uno de los artífices conspirativos que enfrentaron a los traidores y los comunistas".
¿Que significa esto? Ileana Ros-Lehtinen pudiera seguramente proveer más detalles.
Continua Bosch: "Fue miembro entusiasta, fervoroso y fundador del Movimiento Demócrata Cristiano donde llegó a ocupar la posición de Coordinador Nacional. Después gran activista conspirativo dentro del Frente Revolucionario Democrático (FRD) y el Consejo Revolucionario Cubano (CRC)".
El 11 de junio de 1976, Bosch participó con Luis Posada Carriles en la reunión convocada por la CIA, en Bonao, República Dominicana, donde se fundó la CORU. Esa organización terrorista que luego encabezó, sembró el terror durante años en todo el continente y se convirtió en proveedor de mano de obra para el siniestro Plan Condor desarrollado por el conjunto de las dictaduras militares a las órdenes de Washington.
De esto se trata cuando Ileana Ros-Lehtinen, la hija de su papá que la llevó de la mano al Congreso, alienta a las actividades contrarrevolucionarias en Cuba.
Después de la conversión del FRD en CRC, bajo mayor control de los servicios de Langley, Ros participó directamente en la coordinación de las decenas de grupúsculos terroristas que esta organización mantiene bajo su mando… por tener la chequera.
Participará así en la orientación de las acciones violentas contra Cuba en las cuales la CIA no quiere que aparezca la mano del amo.
Ros estará entre los organizadores, por la parte cubana, de la fracasada invasión de Playa Girón donde, sin embargo, no se arriesgó el pellejo. Lo que no sorprendió a nadie.
¿Dónde se encontraba el papá de Ileana cuando se forma el complot para asesinar a Kennedy con varios viejos colaboradores de la Agencia? Hay que preguntárselo a la hija.
Al lado de Tony Varona y Manuel Artime
Lo cierto es que en su carrera de mercenario, Ros trabajó con unos cuantos otros autodenominados "patriotas" famosos tales como Tony Varona y Manuel Artime cuyo patriotismo nunca fue lo suficiente articulado para resistir a un cheque de los amiguitos de Langley y a los demás beneficios materiales de la Miami batistiana.
Todos los socios de Ros se han dedicado, en margen de su carrera de "líderes", al contrabando de droga que ya empezó cuando se preparaba a Girón. Artime, héroe del FRD y del CRC, fue hasta contrabandear plasma sanguínea que comercializaba con la dictadura de Anastasio Somoza. ¿La hija de Enrique Ros lo ignorará?
El 18 de febrero de 1975, el canal 23 de Miami, entrevistaba a Orlando Bosch desde Santiago de Chile donde "militaba" con la DINA, la policía política del régimen de Pinochet.
Expresaba el terrorista: "El objetivo final de nuestra lucha es producir acontecimientos dentro de Cuba que sacudan al país y finalmente producir la liquidación física de Castro". Los años han pasado pero los propósitos de la fauna del norte no han cambiado.
Ileana Ros Lehtinen se encontraba entre las más ruidosas partidarias de la liberación de Bosch en 1989, cuando el pediatra asesino, después de comprar su liberación en Venezuela, se encontró detenido en las celdas de los servicios de inmigración.
Elegida ese mismo año a la Cámara de Representantes luego de una elección donde su jefe de campaña fue Jeb Bush, el hermanisimo, la congresista miamense ha recibido apoyos financieros de empresas tales cómo Enron, MacDonald y Coca Cola así como de sectores favorables a Israel, país cuyas políticas represivas apoya ciegamente en el Congreso.
No titubeó el 8 de julio de 1996 en dirigir una carta alentadora a Rodolfo Frometa, Jefe del grupo terrorista miamense Comandos F-4.
Fanática partidaria de la pena de muerte y adversaria del aborto, fue entre las más exaltadas secuestradoras del niño Elian Gonzalez.
Desde la elección fraudulenta de George W. Bush, en noviembre del 2000, que aplaudió, contribuyó activamente a la penetración de la Casa Blanca por la extrema derecha miamense, al lado de sus socios Otto Reich y Adolfo Franco.
Aunque sus broncas con su marido, Dexter Lehtinen, ex combatiente de Vietnam, son tan famosas como sus amistades particulares en el Congreso, la legisladora republicana participó el 29 de marzo del 2003, en Miami, a la única manifestación jamás ocurrida en el mundo a favor de la guerra en Iraq, donde habló al lado del propio Bosch reclamando del Gobierno norteamericano que Cuba sea "el próximo Iraq".
El 20 de mayo de 2002, Ros Lehtinen se encontraba entre los invitados al acto en que Bush anunció sus medidas anti-familia, limitando las visitas de los cubanoamericanos a la Isla a una cada tres años y reduciendo drásticamente las remesas.
Y siempre estuvo apoyando a Luis Posada Carriles en cada etapa de su vida de sicópata contrarrevolucionario.
El 18 de abril, en la llamada de 22 minutos que realizaba a unas contrarrevolucionarias a las que instaba a provocar incidentes, la politiquera de Miami, emocionada, les enviaba el saludo y apoyo de su padre.
Máxima colaboradora cubanoamericana del presidente norteamericano más impopular de la historia, Ileana Ros-Lehtinen sigue caminando en el mismo sendero donde la puso su progenitor.
Irremediablemente. Hasta que los azares de la vida política de su patria de adopción la manden de regreso a la casa. Lo que ocurrirá tarde o temprano.
Fuente:abn
Publicado: 25 de abril de 2008
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