Jesús Arboleya. La Habana
Se dificulta una conclusión conceptual respecto del terrorismo, su definición ha estado ensombrecida por la manipulación política. La variante terrorista puede constituir el resultado de una aberración que identifica la venganza y la destrucción como objetivos en sí mismos. Este es el caso del odio irracional presente en algunas guerras étnicas.
También el fanatismo religioso ha inspirado un terrorismo indiscriminado, aparentemente exento de metas políticas. No obstante, en la mayor parte de los casos, el terrorismo ha correspondido con la actuación de grupos políticos minoritarios que tratan de imponerse, a toda costa, en un clima social y político adverso.
Terrorismo y lucha armada no son sinónimos, aun cuando la violencia sea un factor común a ambos. Un elemento que define al terrorismo es el blanco de su accionar. La actividad terrorista está conscientemente orientada contra la población civil y su efectividad está relacionada con la brutalidad de sus actos; pues el terrorismo consiste en la dominación mediante el terror y su propósito es lograr un estado de pavor irreflexivo que paralice la capacidad de reacción del contrario y desmoralice sus bases de sustentación; por definición, es lo contrario a la persuasión.
El terrorismo es, por lo regular, una concepción de la lucha política, por lo que no se define por sus métodos, sino por la filosofía que inspira su utilización. Mas, como entre estrategia y táctica debe haber una correspondencia, en su condición de antípoda de la persuasión, los métodos terroristas confrontan la necesidad de apoyo y movilización de las masas que requiere todo movimiento político que aspire a contar con el respaldo popular.
Precisamente, el respaldo popular a la Revolución Cubana determinó que, desde sus inicios, la contrarrevolución no tuviera otra opción que recurrir al terrorismo como forma fundamental de lucha. La actividad terrorista necesita de recursos humanos y materiales limitados y un mínimo de exposición al peligro de sus ejecutantes; por ello, salvo en los casos de las bandas de alzados, las organizaciones contrarrevolucionarias concentraron su actividad en la realización de acciones terroristas en las ciudades más importantes del país. Las bandas mismas, aunque asumieron el modelo de la lucha guerrillera, también pretendieron, en la mayoría de las veces, imponerse mediante la implantación del terror dentro de la población civil de las zonas rurales.
En las organizaciones contrarrevolucionarias de origen cubano, el terrorismo ha tenido en lo esencial cuatro modalidades: las agresiones contra objetivos civiles dentro del país; el ataque a las costas y el hostigamiento marítimo desde bases en territorio extranjero; los atentados contra instalaciones y personal cubanos residentes en el exterior o contra quienes en esos países se relacionan con Cuba, y la actividad terrorista encaminada a imponer un control sobre el resto de la comunidad de emigrados.
El terrorismo urbano -en los primeros años- y la actividad de los grupos paramilitares en aguas internacionales y contra las costas cubanas tuvieron su auge en la década del 60. Esta última modalidad -como resultado de la enajenación de la contrarrevolución del territorio nacional- ha sido la más ampliamente utilizada contra Cuba, incluso en la actualidad se reportan algunas acciones de esta naturaleza. Se ha visto facilitada por la ubicación geográfica de la Isla, la extensión de sus costas, la intensidad del tráfico marítimo en el área y la dependencia del país al mercado internacional. Constituyen operaciones relativamente baratas, con impacto propagandístico garantizado, las cuales tienen a su favor el factor sorpresa y que pueden ejecutarse por individuos de escaso nivel cultural, poco aptos para competir en el mercado laboral norteamericano y políticamente manipulables. Por sus características reporta ventajas aprovechadas por el narcotráfico y el tráfico ilegal de inmigrantes.
Estas actividades no han podido llevarse a cabo sin el apoyo o, al menos, la aquiescencia del Gobierno norteamericano. Se trata de embarcaciones que requieren adaptarse y armarse para realizar acciones que tienen inevitables repercusiones públicas, con lo cual se sobredimensiona la capacidad de sus ejecutores. Estos hombres han sido reclutados y entrenados en Estados Unidos, y por lo general ellos mismos se han encargado de divulgar estas acciones con un máximo de cobertura propagandística. Las naves han estado fondeadas usualmente en puertos de ese país. Para operar deben salir y entrar al territorio norteamericano violando con entera impunidad un régimen de vigilancia que califica entre de los más sofisticados del mundo.
Algo similar ha ocurrido con las acciones terroristas realizadas en terceros países. Con o sin la intervención directa de la CIA, pero actuando por lo común con el conocimiento y sin la oposición del Gobierno estadounidense, la actividad terrorista contra instalaciones y personal cubanos radicados en terceros países, tendió a recrudecerse a finales de la década 60, como reflejo de la disminución del apoyo gubernamental a planes contrarrevolucionarios más abarcadores, y tiene un nuevo apogeo a mediados de la próxima década, como resultado de una combinación de factores; entre ellos, los intentos por mejorar las relaciones con Cuba, los conflictos de la administración Carter con los servicios de seguridad, el apoyo cubano al Gobierno angolano y la emergencia de las dictaduras fascistas en el contexto latinoamericano. Se trató de una ofensiva terrorista internacional con su base en Miami, según confirmó la propia policía de esa ciudad.2
El primero de los grupos que asumió como su principal táctica esta modalidad terrorista fue el Movimiento Nacionalista Cubano; una organización de declarada orientación fascista, fundada en 1964 por Felipe Rivero, una figura dramáticamente pintoresca de la contrarrevolución. Descendiente de una de las familias más renombradas de la oligarquía cubana, para mayor simbolismo los poseedores del Diario de la Marina3, Rivero participó en la invasión de Bahía de Cochinos y se destacó por ser uno de los pocos invasores que mantuvo una posición consecuente con sus ideas durante las apariciones públicas y el juicio que se les celebró en Cuba. Con este aval, a su regreso a Estados Unidos aglutinó a un grupo de jóvenes residentes en su mayoría en el noreste de ese país e hizo un llamado a la "guerra por los caminos del mundo", definiendo así una estrategia de terror contra funcionarios e instalaciones cubanos en el exterior y contra todo aquel que apoyara supuestamente al Gobierno de Cuba.
En diciembre de 1964, uno de los fundadores del MNC, Guillermo Novo Sampol, era detenido por disparar una bazooka contra el edificio de Naciones Unidas en los momentos en que hacía uso de la palabra el comandante Ernesto Che Guevara. Felipe Rivero fue convicto de un atentado parecido contra Expo 67 en Montreal. Ambos fueron liberados después; Rivero se trasladó a Miami, adoptando el status de patricio e ideólogo del fascismo cubano, una corriente favorecida por el golpe de Estado en Chile en septiembre de 1973. Años más tarde, Rivero explicaba el impacto que tuvo para ellos este acontecimiento: "Pensé en qué tipo de ayuda los chilenos podían darnos -quizás una declaración llamando al MNC la esperanza de Cuba. Chile era nuestro niño lindo, un adorado en la comunidad cubana. Si podíamos lograr que dijera que éramos los mejores, hubiéramos sido los nuevos líderes del movimiento exiliado cubano (dándole) una bofetada en la cara a nuestros rivales en la comunidad cubana".4
Su esperanza no era infundada. El golpe de Estado en Chile fue celebrado por la comunidad cubana y la fascinación resultó tal, que, en 1975, la Asociación de Veteranos de Bahía de Cochinos5 condecoró a Pinochet con la Medalla de la Libertad, distinción no otorgada a ningún otro extranjero6. El fascismo se extendía por el cono sur latinoamericano y los chilenos articulaban una ofensiva de terror a la que se integraron los cuerpos represivos de Argentina, Bolivia, Paraguay y :, así como grupos paramilitares fascistas de diversos países. Los terroristas cubanos también hallaron un espacio en este esfuerzo denominado Operación Cóndor. Un informe del representante del FBI en Argentina en 1976, expresaba que el Gobierno militar de Chile mantenía una "relación especial" con los grupos anticastristas cubanos, la cual incluía misiones conjuntas de asesinato. Según este informe, Chile les había ofrecido el tipo de apoyo que una vez les dio la CIA. Las fuentes del FBI describían un programa en el cual la Junta chilena se comprometía con el reconocimiento de un gobierno cubano en el exilio, con base en Chile, y suministrar armas, explosivos, entrenamiento y refugio para fugitivos.7 El MNC se incorporó a este esquema y participó en varios atentados al servicio del régimen chileno; entre ellos, el asesinato del General Carlos Prats y su esposa en Argentina, el intento de asesinato del líder democristiano Bernardo Leighton y su esposa en Roma y el asesinato de Orlando Letelier y Ronni Moffitt el 21 de septiembre de 1976 en Washington. Este último atentado condujo a la detención y condena de tres de los principales dirigentes del MNC. Otros dos involucrados se dieron a la fuga y vivieron clandestinamente en Estados Unidos por cerca de 15 años.
Guillermo Novo y Alvin Ross, condenados en un inicio a cadena perpetua, apelaron posteriormente la sentencia y fueron puestos en libertad. Guillermo Novo y su hermano Ignacio -condenado a 10 años en el mismo juicio-, trabajan hoy día para la Fundación Nacional Cubano Americana. Varios grupos terroristas también hicieron contacto con la Junta chilena; entre ellos, Orlando Bosch Ávila, un médico pediatra, con antecedentes gangsteriles, que se incorporó tempranamente a la contrarrevolución en actividades de apoyo al Movimiento Insurreccional de Recuperación Revolucionaria (MIRR), una banda de alzados que operó en el Escambray desde inicios de 1960.
Bosch abandonó rápidamente el país para convertirse en su delegado en el exterior. Recibió entonces entrenamiento de la CIA, pero por alguna razón no fue incluido en la operación de Bahía de Cochinos y se dedicó a realizar ataques contra las costas y embarcaciones cubanas. En 1966 es acusado de extorsionar a emigrados en Miami y detenido por la policía de Collier Country cuando se le ocupan seis bombas en el maletero de su auto. En 1968 fue condenado a 10 años de cárcel por disparar una bazooka contra el barco polaco Polanica, surto en el puerto de Miami.
Estando aún en prisión, funda Poder Cubano, una organización con base en Miami, Nueva York y California, cuyo objetivo expreso fue actuar contra quien apoyara en Estados Unidos negociaciones con Cuba o respaldara otras causas estimadas izquierdistas; entre ellas, la oposición a la guerra en Viet Nam. Ese mismo año, Poder Cubano efectuó atentados dinamiteros contra los consulados neoyorkinos de España, México, Canadá, Japón y Yugoslavia; contra una agencia de turismo mexicana en Chicago; la embajada cubana en Japón, y colocaron 28 bombas en Miami, entre ellas, en un avión mexicano, en la residencia del cónsul británico, en el consulado chileno, en la oficina de Air Canada y en un número de agencias que enviaban paquetes a Cuba.8 A pesar de esto, Bosch obtiene la libertad condicional en 1972, su salida de prisión coincide con el asesinato de José Elías de la Torriente -por lo cual es interrogado- y la colocación de una bomba en el auto de Ricardo Mono Morales, contrarrevolucionario cubano y agente de la CIA, quien resultó además informante del FBI y declaró contra Bosch en el juicio en que lo condenaron. Bosch abandona de manera ilegal Estados Unidos y crea Acción Cubana.
Inmediatamente inicia una campaña para recaudar 10 millones de dólares; tres estarían destinados a pagar una recompensa para quien asesinara a Fidel Castro. En 1974 es detenido en Venezuela, acusado de realizar acciones terroristas en ese país. El Gobierno venezolano plantea su deportación a Estados Unidos, pero ese país no lo acepta; por tanto, Bosch recupera su libertad, viaja a Curazao y de ahí a Chile, a donde arriba el 3 de diciembre de 1974. El testimonio de uno de sus colaboradores describe este proceso: "El contacto de Bosch con los chilenos se hace a través de los hermanos Novo, los que conjuntamente con Bosch y Dionisio Suárez viajan a Chile. Cuando Bosch sale de la cárcel en Estados Unidos, plantea pasar inmediatamente a la clandestinidad, cosa a la que inicialmente me opuse, porque en realidad no estaba siendo perseguido por nadie.
No obstante, Bosch argumentó que hacerlo así tenía más impacto y en definitiva colaboro con su traslado a Puerto Rico y más tarde en avión a Santo Domingo, posteriormente creo que fue a Bahamas y de allí a Venezuela y a Chile. En todo ese tiempo la organización lo estuvo manteniendo, le enviábamos 1 500 o 2 000 dólares mensuales y él, por sus vías, se buscaba otra cantidad.
Lo visité en Chile y me disgustó la forma como vivía, tenía un apartamento caro e incluso había contratado una criada que vivía en la casa, conjuntamente con su esposa y una muchacha que supuestamente trabajaba en el Ministerio de Relaciones Exteriores chileno. A Chile habíamos ido a discutir el problema de los gastos y la actuación inconsulta de Bosch respecto al resto de la organización".9 Según los investigadores norteamericanos John Dinges y Saul Landau, Bosch llega a acuerdos con la Junta chilena y parte con documentación falsa hacia Costa Rica con el propósito de asesinar a Pascal Allende, sobrino del ex presidente y uno de los jefes de la resistencia chilena. También se señala que Bosch, entre sus planes, tenía asesinar a Henry A. Kissinger, durante una visita que el entonces secretario de Estado tenía prevista hacer a ese país.10
Esta versión fue confirmada ante el Senado norteamericano por la policía de Miami, la cual declaró haber recibido esta información en febrero de 1976 y haberla trasladado al FBI.11 "Lo de Pascal Allende es posible porque Bosch actuaba por la libre y se movía en diversos frentes, pero lo de Kissinger estoy seguro que fue un cuento del Mono Morales12 al FBI para buscar prestigio o dinero con ellos. Yo fui a esperar a Bosch a Costa Rica, le alquilamos una casa que nos costó 600 dólares mensuales y tuve que salir huyendo cuando la propia policía costarricense nos comunicó la información del atentado a Kissinger. Bosch se quedó y estuvo preso unos días".13
El atentado a Kissinger resultaba realmente poco probable. Aunque los grupos contrarrevolucionarios lo veían como el hombre de la "detente" y de los pasos conciliadores con Cuba, un hecho de este tipo no se ajustaba a la lógica de los intereses de la Junta chilena. Kissinger había propugnado el golpe y era de los más dispuestos a encontrar un acomodo con los militares. Por otro lado, era en verdad difícil que Bosch planeara, por si solo, una acción de tal envergadura. Las probabilidades en relación con el atentado a Pascal Allende resultaban mucho mayores. Allende era una de las figuras más perseguidas por el régimen chileno y está comprobado que otro terrorista cubano, Rolando Otero, coincidió con Bosch en Costa Rica en cumplimiento de idéntica misión para los chilenos.
Otero militaba en el grupo terrorista Frente de Liberación Nacional Cubano (FLNC). Había surgido en 1973 bajo la dirección de Frank Castro y estaba integrado por una mezcla de personas ex integrantes de diversas organizaciones contrarrevolucionarias. Se destacó por el envío de cartas explosivas a distintas embajadas cubanas, por la colocación de bombas en misiones diplomáticas de Cuba en México, Jamaica, España y Francia, y por la realización de atentados contra entidades privadas en Miami y lugares públicos en Puerto Rico.
Otero procedía de una familia de la oligarquía cubana. Con 16 años fue el recluta más joven de la Brigada 2506, se sintió traicionado por la CIA y entre sus fobias incluyó al propio Gobierno estadounidense. Entre octubre y diciembre de 1975 desarrolló una ofensiva terrorista en Miami que comprendió la colocación de artefactos explosivos en el aeropuerto internacional de esa ciudad, en dos oficinas de correo, en la oficina de Seguro Social, en el edificio del Gobierno federal, en un banco e, incluso, en la jefatura del FBI.
Huyó de ese país y se refugió en Chile, poniéndose al servicio de la Junta que le encomendó el asesinato de Pascal Allende. Escapó de la detención en Costa Rica y regresó a Chile, pero, contrario a lo ocurrido con Bosch, fue reclamado con insistencia por el Gobierno norteamericano y el régimen chileno lo entregó a sus autoridades.14 Bosch, por su parte, fue liberado y abandonó Costa Rica; marchó a República Dominicana, donde se fundará el Comando de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU).15 Este aportó una nueva cualidad a la actividad contrarrevolucionaria, toda vez que significó la integración de una de las redes de terrorismo internacional más grande y agresiva del mundo. A ella se incorporaron las principales organizaciones contrarrevolucionarias existentes en esos momentos; la Junta fascista chilena resultó un factor de inspiración y apoyo para la articulación de esta coalición, pero algo así no podía haber ocurrido sin contar con la complacencia del Gobierno estadounidense.
El CORU surgió después que Ford abandonó la política encaminada a buscar un arreglo con Cuba y el problema angolano estaba en el centro de las contradicciones entre los dos países. De hecho, la mayor parte de sus acciones hallaron una pretendida excusa en el apoyo cubano a la revolución angolana. Acerca de esto declaraba, en 1979, un veterano oficial antiterrorista de la policía de Miami a los investigadores John Dinges y Saul Landau: "Los cubanos llevaron a cabo la reunión del CORU a solicitud de la CIA. Los grupos cubanos (...) actuaban frenéticamente a mediados del 70 y los Estados Unidos habían perdido control sobre ellos. Por tanto, los Estados Unidos apoyaron la reunión para lograr tenerlos a todos en la misma dirección nuevamente, bajo el control de los Estados Unidos. La señal básica fue adelante y hagan lo que deseen, fuera del territorio de los Estados Unidos".16
El CORU se organizó en Bonao, República Dominicana, en junio de 1976. A la reunión asistieron la Asociación de Veteranos de Bahía de Cochinos (Brigada 2506), Acción Cubana, el Frente de Liberación Nacional Cubano, el Movimiento Nacionalista Cubano, Alpha 66, Agrupación Juvenil Abdala y otros. Constituyó un agrupamiento ideológicamente indefinido, unido sólo por el criterio de la necesidad de extender el terrorismo internacional contra Cuba. Aunque la reunión fue organizada por Frank Castro, esposo de la hija de un alto oficial dominicano y jefe del FLNC, Orlando Bosch fue aceptado como jefe de la alianza.
La constitución del CORU no era un hecho marginal al movimiento contrarrevolucionario, sino un resultado integral de su evolución; incluso políticos como Miró Cardona, por lo general identificados con corrientes más moderadas, habían manifestado su apoyo a esta estrategia: "Estamos solos, absolutamente solos..., sólo hay una ruta a seguir y la seguiremos: violencia, la internacionalización de la lucha por la libertad de Cuba a todos los niveles".17
La integración pública de Abdala a esta corriente también reafirma este patrón; hasta esos momentos, se había presentado como una organización cívica, integrada por jóvenes de origen cubano empeñados en contrarrestar el movimiento estudiantil progresista opuesto a la guerra en Viet Nam y que reclamaba otra política hacia Cuba. Su incorporación al CORU confirmaba las conexiones anteriores de Abdala con los grupos terroristas, cuestión ya advertida por la policía de Miami, que la vinculaba con el FLNC, aunque acaso también tuviera contactos con otras organizaciones.18
Dos meses después de fundado el CORU, Orlando Bosch fue expulsado también de Chile. Las causas no están claras, pero este hecho, junto con la entrega de Otero, crearon serias dudas en los grupos terroristas en cuanto a la lealtad del régimen chileno. Sin embargo, esto no impidió que en apenas un año el CORU sembrara el terror a todo lo largo del continente americano. En julio de 1976 colocaron una bomba en el equipaje de un avión de pasajeros de Cubana de Aviación en Jamaica, estaba previsto que explotara al despegar, pero un retraso de la salida provocó que ocurriera entierra.
Ese mismo mes realizaron atentados con explosivos en la oficina de la British West Indian Airline y en el auto del gerente de Cubana de Aviación en Barbados; ametrallaron la embajada cubana en Colombia, pusieron una bomba en la oficina de Air Panama y en el auto de un funcionario colombiano encargado de las relaciones con Cuba; intentaron secuestrar al cónsul cubano en Mérida y en la operación asesinaron a un funcionario que lo acompañaba, por último, tres miembros del MNC fueron detenidos en Nueva York cuando colocaban una bomba en la Academia de Música, donde actuaba un grupo cubano.
En agosto, el CORU se acreditó el secuestro y asesinato de dos diplomáticos cubanos en Argentina, una operación que realizaron en realidad grupos fascistas argentinos en complicidad con los cuerpos represivos de ese país. Pusieron una bomba en el aeropuerto de Panamá y otra en la oficina de Cubana de Aviación en esa misma nación. En septiembre, llevaron a cabo un atentado con explosivos contra la embajada guyanesa en Trinidad y Tobago; plantaron una bomba en un barco soviético en New Jersey; cometieron los mencionados asesinatos de Orlando Letelier y Ronnie Moffitt y pusieron otra bomba en el Palladium Theatre en Nueva York.
En octubre se produjo la voladura de un avión comercial cubano en Barbados, en el cual murieron 73 pasajeros. La voladura de esa nave suscitó tal rechazo internacional, que varios gobiernos se vieron obligados a actuar. Dos venezolanos, detenidos en Trinidad y Tobago, aparecieron como los autores materiales del crimen; ambos estaban vinculados con el terrorista cubano Luis Posada Carriles.19
Posada Carriles, químico azucarero relacionado con el régimen batistiano, trabajaba para una firma norteamericana en Cuba cuando se produce el triunfo de la revolución. En 1961 parte hacia Estados Unidos y allí recibe entrenamiento especializado de la CIA. Posteriormente se vincula con la JURE, la RECE y los Comandos L. En 1967 es enviado por la Agencia a Venezuela para reprimir al movimiento revolucionario, allí ocupa el cargo de comisario de la policía política venezolana. Más tarde crea una agencia de detectives privados, para la cual trabajaban Hernán Ricardo y Freddy Lugo.
Ricardo y Lugo confesaron su participación en el atentado y sus relaciones con Posada y Bosch, por lo que los cuatro terminaron detenidos en Venezuela. Presiones de todo tipo determinaron que el proceso judicial en Venezuela demorara más de 10 años. Al final Ricardo y Lugo fueron condenados; Bosch absuelto "por no encontrarse físicamente en el lugar de los hechos", y Posada sobornó a los guardias y escapó tranquilamente de la cárcel. Se asentó en El Salvador, donde bajo el mando de su amigo Félix Rodríguez sirvió a la CIA en el abastecimiento de armas a la contrarrevolución nicaragüense. Cuando explota el escándalo Irán-Contra, la presencia de Posada, un terrorista internacional prófugo de la justicia venezolana, forma parte de las arbitrariedades que destaca la prensa. A pesar de esto, puede emigrar a Guatemala, donde años más tarde es víctima de un atentado que atrajo otra vez la atención internacional.
Posada, acaso el terrorista menos buscado del mundo, todavía vive clandestinamente en alguna parte. Por su parte, Bosch, cuando obtiene la libertad en Venezuela, ingresa de manera ilegal en Estados Unidos en febrero de 1988 y se entrega a las autoridades. Es encarcelado unos tres meses por haber violado las condiciones de libertad condicional en 1974. El Departamento de Justicia decide que no tiene derecho a acogerse a asilo político por sus antecedentes terroristas y que debe ser deportado; ningún país del mundo lo acepta, aunque no se lo ofrecieron a Cuba que lo estaba reclamando desde 1976. Después de una campaña que encabezó la congresista cubanoamericana lleana Ros Lethinen, la cual incluyó gestiones personales con el presidente Bush, se le concede la libertad y se le permite permanecer en el territorio estadounidense; otra vez primó el argumento de que no constituía un peligro para la seguridad ciudadana.
En realidad, los argumentos que influyeron los resumió Jorge Mas Canosa -uno de sus mentores- en una entrevista publicada por el Washington Post: "Hay tranquilidad en las calles desde que llegó. Lo queremos de esta forma. Dejemos primero que el sistema legal siga su curso. Les garantizo que si es de nuevo enviado a prisión, o deportado, verán protestas y demostraciones".20
En 1991 se le autoriza a participar en un acto político en el cual aboga por el envío de armas a Cuba, y en 1993, desafiando las condiciones impuestas a su status legal, anuncia la formación del Partido Protagonista del Pueblo, cuyo objetivo manifiesto es recoger fondos para alentar acciones armadas contra Cuba. A la pregunta de si no temía represalias del Gobierno, respondió: "Ése es un problema de las autoridades, yo considero que esas restricciones expiraron", el vocero de la oficina del Fiscal declinó comentar sobre este reto.21 Hoy vive en Miami -como Posada-, se dedica a la pintura y vive de la "venta" de sus cuadros, lo cual, ha devenido, al parecer, profesión de terroristas en desgracia.
La posible complicidad de la Agencia Central de Inteligencia ha sido un tema recurrente a lo largo de todo el proceso investigativo de la voladura del avión cubano en Barbados. A Ricardo y a Lugo se les halló una agenda con teléfonos de oficiales CIA radicados en Venezuela,22 y ellos mismos declararon mantener vínculos con la Agencia. Las relaciones de Posada con la CIA eran, por demás, públicas y notorias, y continuaron siéndolo después, cuando se integró al equipo de Félix Rodríguez en El Salvador.23
La conexión de Posada con Bosch deja, por demás, muchas áreas oscuras; según Pérez Álamo, no se conocían hasta el momento en que Bosch llega a Venezuela. Posada tenía todo preparado cuando lo impone del plan y lo involucra sin necesidad en éste.24
Posada era un hombre de la CIA y Bosch, supuestamente, un enemigo de ésta. Mas, Bosch comparte un apartamento en Caracas nada menos que con Ricardo Morales, el agente que lo envió a prisión y a quien aparentemente trató de matar; él también estaba allí enviado por la CIA en misiones parecidas a las de Posada. Cabe entonces pensar que Posada involucró a Bosch para alejar posibles sospechas sobre el papel de la Agencia en este plan y que este último estaba consciente de que el Gobierno estadounidense conocía el proyecto y lo utilizó a su favor. Esto explica las presiones que se ejercen sobre los gobiernos de Trinidad y Tobago, Barbados y Venezuela para dilatar y falsear el proceso legal y el tratamiento que reciben después ambos.
La voladura del avión cubano en Barbados llevó al limite de lo aceptable el terrorismo internacional desatado por los grupos contrarrevolucionarios cubanos y el CORU entró en crisis, aunque ninguna personalidad o grupo político emigrado -salvo la izquierda- se atrevió a condenar públicamente este crimen. Al contrario, la prensa y la radio controladas por la derecha cubana lo justificaron de diversas maneras e, incluso, celebraron el acontecimiento. El balance había sido dramático. En cuatro meses, sus actividades ocasionaron 78 muertos.
Independientemente de cuál haya sido la participación directa de la CIA en la voladura del avión cubano en Barbados, el comprometimiento del Gobierno estadounidense estribó en la filosofía de alentar el terrorismo cubano fuera de sus fronteras. Incluso, aunque no hubiera conocido previamente de este plan, estaba de todas formas obligado a presionar para amañar el proceso, porque tenía que evitar que se hicieran públicos otros aspectos de una política francamente violatoria de la ley internacional y peligrosa para la propia seguridad de Estados Unidos. Alentar el terrorismo cubano ha colocado al Gobierno norteamericano en una situación vulnerable al chantaje político, una posibilidad que han sabido explotar los grupos contrarrevolucionarios cubanos.
Los grupos terroristas que actuaron en esta etapa se caracterizaron por una ideología marcadamente fascista y por una composición mayoritaria de individuos incapaces de incorporarse al proceso de integración social que estaba sucediendo en la emigración, por lo que ocupaban un lugar de cierta marginalidad dentro de la comunidad cubana.
Sus principales jefes surgieron de grupos élites entrenados por la Agencia y fueron utilizados por ésta en tareas de contrainsurgencia en América Latina, Viet Nam y otros lugares. Como resultado de esto, poseeyeron amplias conexiones con los servicios policiacos latinoamericanos, con grupos paramilitares de derecha, con autoridades locales norteamericanas y con el crimen organizado, lo que unido al respaldo, la complicidad o el temor que inspiraban en ciertos segmentos de la comunidad emigrada, les posibilitó continuar actuando, esta vez con mayor intensidad, dentro del territorio de Estados Unidos.
Entre 1973 y 1976, el FBI investigó 103 atentados dinamiteros y seis asesinatos cometidos por estos grupos en Estados Unidos.25 Estudios aún no concluidos reportan que, en la década del 70, las organizaciones terroristas cubanas ejecutaron al menos 279 acciones en diversas partes del mundo, más de la mitad -144- dentro del territorio norteamericano.26 Cuando la administración Carter replanteó el propósito de mejorar las relaciones con Cuba y un sector importante de la comunidad cubana apoyó esta política, el 68% de las acciones realizadas ocurrió dentro del territorio estadounidense y en estos cuatro años, se produjo el 58% de 45 los actos terroristas de la década.27 Según cálculos del FBI, aunque en este período sólo unas 200 personas estuvieron involucradas en estas acciones, llegaron a constituir la red terrorista más peligrosa de cuantas operaban en esa nación.28
La "guerra por los caminos del mundo" constituyó una nueva modalidad de la actividad que desarrollaban las organizaciones contrarrevolucionarias tradicionales. Si en la década del 60 se ejecutaron 731 acciones paramilitares contra las costas y embarcaciones cubanas y 156 actos terroristas en Estados Unidos y otros países; en la década del 70, esta proporción varia radicalmente a 16 y 279, respectivamente.29
Pudiera afirmarse que resultó un recurso desesperado por mantener vigente un clima de beligerancia que perdía de manera acelerada sus asideros. Esta situación se agudiza con el impacto que en el área política tuvo el avance del proceso de integración de los emigrados a la sociedad norteamericana y con los pasos de la administración Carter en el sentido de mejorar las relaciones con Cuba, lo cual puso en crisis los presupuestos en que se asentaba la "industria contrarrevolucionaria", afectando no sólo a los grupos terroristas más activos, sino a toda una infraestructura política al servicio de los intereses de la mayoría de la burguesía cubanoamericana. Por ello, a partir de ese momento, el terrorismo -siempre en función coercitiva hacia el resto de la comunidad emigrada- hará de este objetivo su principal prioridad, reflejando el origen de un nuevo momento político que tendrá su elemento distintivo en la competencia por el dominio de la emigración.
Aun cuando no se producen cambios radicales en la composición de las organizaciones, el terrorismo estará integrado entonces a la lucha que enfrenta el movimiento contrarrevolucionario por su propia supervivencia y será un elemento que se incorpora a la irrupción de los cubanoamericanos en la política estadounidense.
Tomado de: Sitio Web de juventud rebelde
Fecha de consulta: 24 de enero de 2008
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