Paulita Úbeda de Morales, de 39 años, era maestra, catequista y madre de cuatro hijos. Participó activamente en el sindicato de maestros, que en 1970 organizó la primera huelga nacional en Nicaragua. A causa de ello, Paulita y varios compañeros fueron cesanteados. También fue fundadora del colegio Alfonso Cortés, hostigado constantemente por la dictadura somocista.
Durante la insurrección de septiembre de 1978 en la ciudad de Estelí, su casa quedó en la zona tomada por la Guardia Nacional. Ella necesitaba comprar medicamentos para su suegra, gravemente enferma. Salió acompañada de un vecino y de una amiga, con una bandera blanca.
Un guardia los detuvo y, al comprobar que era Paulita Morales, les disparó a quemarropa. El vecino murió instantáneamente; la amiga, herida, pudo huir, mientras Paulita quedó en el suelo. Después de tres horas de agonía le dispararon una ráfaga en el pecho. Su cadáver estuvo en la calle durante cuatro días, hasta que su amiga contó lo ocurrido al esposo de Paulita, que consiguió autorización para enterrarlo en su casa.
Ya abierta la fosa, llegó la Guardia y disparó contra los hombres. Murieron seis, entre ellos Fernando, el hijo mayor, de 17 años...
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