El 13 de abril de 2005, Posada pidió asilo político en los Estados Unidos a través de su abogado. Había entrado en ese país de forma ilegal, a través de la frontera mexicana en febrero de ese año. El 3 de mayo, la Corte Suprema de Justicia de Venezuela aprobó un pedido de extradición para Posada. Ese mismo día el Secretario Asistente del Departamento de Estado de los EE.UU., Róger Noriega, aseguraba que quizás Posada no estaba en los Estados Unidos, y que quizás los cargos en su contra habían sido inventados.
Sin embargo, los documentos desclasificados por la CIA y el FBI muestran sus sospechas por su relación con la explosión del avión cubano en Barbados, a pocos días después de haber ocurrido.
El 26 de agosto del 2004 la presidenta panameña Mireya Moscoso había concedido el ilegal indulto a los terroristas Luis Posada Carriles, Guillermo Novo, Pedro Remón y Gaspar Jiménez, quines salieron de la cárcel y fueron llevados al aeropuerto de Tocumen bajo protección oficial. Allí los esperaban dos aviones rentados por otro terrorista confeso, Santiago Álvarez.
Posada Carriles desembarcó en Honduras, escenario de muchas de sus acciones ilegales, y Novo Sampol, Remón y Jiménez Escobedo llegaron a Miami, en Estados Unidos, sin apenas enfrentar los complicados sistemas de seguridad y detección que la Casa Blanca aplica a los extranjeros en sus fronteras como presunto filtro ante el arribo de terroristas.
Solo que para George W. Bush y su gobierno, estos terroristas internacionales clasifican, sin dudas, en la extraña categoría de "buenos terroristas" que el Washington oficial ha establecido a partir de sus hostiles intereses.
El 17 de mayo del propio 2005, el Miami Herald llevó a cabo una entrevista con Posada en Florida. Ese mismo día fue detenido. Posada había reiterado su solicitud de asilo y estaba intentando salir ilegalmente del país.
Se le ha seguido un proceso en El Paso, Texas, bajo cargos por su estatus migratorio que nada tienen que ver con sus cuentas pendientes por múltiples actos terroristas cometidos. Estados Unidos se limitó a un solitario y tímido cargo en contra de este señor: haber ingresado al país sin papeles. En vez de hacer valer la justicia, el gobierno se limitó entonces a regañar al criminal.
Como pago a sus servicios y pese a la solicitud de extradición del gobierno venezolano, la Casa Blanca permitió la permanencia impune en territorio estadounidense de Posada Carriles y de otros terroristas de origen cubano estrechamente asociados con él.
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