Nació en los Estados Unidos en 1946 en Arkansas. Ocupó la presidencia de Estados Unidos de 1993 al 2001. En su mandato mantuvo la criminal política de bloqueo económico contra Cuba. Firmó la Ley Helms-Burton que legalizó el recrudecimiento de las acciones políticas y económicas de esa potencia contra la Isla.
En un primer momento se tuvo la percepción de que las relaciones de EE.UU. con América Latina y el Caribe tendrían un significativo punto de giro con relación a los métodos de presión, intervención, apoyo a fuerzas militares y paramilitares, y apelación a la guerra sucia que caracterizó el reaganismo y su continuidad durante la administración de George H. W. Bush. Se hablaba de promoción de los derechos humanos, transparencia y responsabilidad en las relaciones hemisféricas, de una nueva ventana de oportunidades para la integración.
Sin embargo, según observó Noam Chomsky, lo que realmente estuvo detrás de esa doctrina fue la añeja pretensioón de los círculos de poder estadounidenses de hacer retroceder los movimientos sociales, así como el derecho de los pueblos a diseñar su propio modelo económico, político y social.
La administración Clinton ratificó y recrudeció las políticas implementadas por sus antecesores republicanos contra el pueblo cubano, entre ellas el bloqueo económico, la guerra bacteriológica y la subversión. Se pudo observar el apoyo de EE.UU. a las cruentas estrategias antisubversivas que venían desarrollando los gobiernos, y las fuerzas militares y paramilitares de Colombia, Guatemala y Perú, con su secuela de desaparecidos, asesinados, torturados y desplazados. La Casa Blanca también se demoró en encontrar una adecuada solución a la grave situación haitiana.
Bajo Clinton, EE.UU. reavivó su papel de gendarme hemisférico. Particularmente llamativas resultaron las llamadas “misiones no tradicionales”, perfiladas entre 1996 y 1998, algunas de ellas tomando como pretexto el combate contra el tráfico de drogas.
En esos años, el Comando Sur trasladó su estado mayor hacia la Florida, comenzó a dislocar sus principales efectivos en Puerto Rico, impulsó el fortalecimiento o la instalación de nuevas bases en Santa Lucía, Perú, Ecuador, Honduras, Aruba y Curazao y trató de prolongar la presencia militar en Panamá.
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